¿De qué signo sos? Viaje en el tiempo por algunas concepciones del mundo

 Paula Bergero. Investigadora de CONICET en el INIFTA (Instituto de Investigaciones Fisicoquímicas Teóricas y Aplicadas). Docente en la UNLP.

En este artículo reseñamos el trabajo “Un recorrido histórico por algunas concepciones del mundo”. de Diego Petrucci, en el cual se efectúa un recorrido histórico que tiene como ejes las ideas que, desde la antigüedad, han influido sobre nuestras concepciones del mundo. El trabajo tiene el objetivo de fomentar la reflexión de los docentes de ciencia sobre la forma en que concebimos el mundo, ya que las diversas representaciones han definido tradiciones que impregnan actualmente nuestra cultura y que atraviesan las visiones científicas de cualquier disciplina.

El lógico, el mago y el ingeniero

El artículo nos ofrece un repaso de las diversas concepciones de mundo reinantes en la antigüedad. Por ejemplo, para los egipcios la Tierra se concebía como una ostra y el cielo como una mujer o una vaca, y las fases de la Luna se originaban en la mordida de una cerda. Pero más allá de la descripción de estas representaciones, el recorrido del trabajo se extiende en la discusión de las tres cosmovisiones que resumen las ideas presentes en el Renacimiento: el Organicismo, el Neoplatonismo y el Mecanicismo, cuyas características se sintetizan en la Tabla 1.

Tabla 1. Las tres cosmovisiones presentes en el Renacimiento: el Organicismo, el Neoplatonismo y el Mecanicismo.

Cuatro elementos

Lo particular del enfoque de este trabajo es que  el impacto de estas tradiciones y miradas de mundo está centralizado en la enseñanza de las ciencias naturales. ¿Y por qué este interés? Porque la concepción del mundo que tenga un ciudadano resulta determinante del rol que jugarán las ciencias, por ejemplo, en la toma de decisiones o en los intentos de comprensión de su entorno.

El autor justifica en el artículo el interés en las concepciones de mundo a través de cuatro ítems. El primero está relacionado con el pasado: para conocer el modo en que filósofos naturales y científicos construían el conocimiento es necesario comprender las ideas que los regían. El segundo punto tiene que ver con el presente, ya que las tradiciones originadas en cada una de las concepciones sobreviven hasta nuestros tiempos y se filtran en la cultura contemporánea. En tercer lugar, el autor menciona que la visión personal de mundo que predomina tiene un impacto, más o menos explícitamente, en nuestro modo de vivir. Y como si todo esto no fuera suficientemente relevante, el último argumento sostiene que la visión que tengamos sobre del mundo nos habla de cómo podemos conocerlo, y viceversa. Por ejemplo, los métodos y actitudes que usaremos para investigar un dado fenómeno no serán iguales si entendemos el cosmos como un lugar mágico o si lo visualizamos como un complejísimo mecanismo de relojería. Así, no podemos siquiera mirar el cielo nocturno sin asumir -implícita o explícitamente- una postura epistemológica respecto del mundo (como ocurre en el ejemplo de la Figura 1). Y mucho menos, dice Petrucci, aprender ciencia: “El conocimiento científico enseñado tiene que estar anclado en las observaciones que permitieron su construcción y enmarcado en un contexto social e históricamente situado”.

Figura 1: Los deferentes (esferas concéntricas) y los epiciclos (esferas menores introducidos en el s. II en Alejandría, como un intento de explicar las variaciones en el brillo y el tamaño aparente de los planetas sin abandonar la cosmología aristotélica.)

En el artículo se relatan los devenires de la evolución del mecanicismo a lo largo de los siglos y cómo fue que la ontología plasmó, fundamentalmente, con la mecánica relativista y la cuántica. En esta concepción de mundo, todos los fenómenos se explican a partir de alguna teoría mecánica (o de un conjunto de ellas) y a partir del orden causal, con leyes deterministas o probabilistas, reversibles o irreversibles, pero sin contemplar en la descripción de los fenómenos ninguna meta, propósito o finalidad.

Organicista soy

Aunque el mecanicismo finalmente se impuso como la cosmovisión “oficial” de la ciencia, en el marco de la cual son financiadas las investigaciones científicas, puede identificarse en la cultura actual la convivencia pacífica de aspectos de cada una de las tres tradiciones. Encontramos la mirada organicista al hablar, por ejemplo, sobre una organización: “Aguilar es la cabeza de una organización mafiosa. Adrián es el brazo armado de Aguilar

Otros ejemplos del organicismo son las explicaciones teleológicas, es decir, las que suponen un propósito o fin subyacente al cual “la cosa” sirve y que justifica su existencia. Estas explicaciones abundan aun hoy en la enseñanza de las ciencias naturales: “Las glándulas y sus funciones. En el organismo existen glándulas que segregan y liberan en el organismo sustancias de vital importancia porque sirven al funcionamiento de los diferentes sistemas que intervienen en la vida del hombre.”

El presidente neoplatónico

También es frecuente en la actualidad encontrar aspectos neoplatónicos. Esta mirada mágica está presente en creencias místicas como el empacho y el mal de ojos. O en los horóscopos. El autor se ocupa de comentar que una misma persona podía -puede- abrazar aspectos de diferentes tradiciones, sin un conflicto cognitivo. Por ejemplo, Copérnico es poseedor de características tanto aristotélicas como neoplatónicas: ubicaba al Sol en el centro del universo pero repudiaba la astrología.

Otro ejemplo, que el artículo original no incluye, es el presidente actual de Argentina, que, a pesar de tener formación de ingeniero, como el gran referente del mecanicismo, también abraza aparentemente la videncia y la brujería.

En este contexto, resulta interesante notar que se suele hablar de fracaso cuando la enseñanza de las ciencias no erradica las ideas místicas o esotéricas, o incluso cuando en las encuestas de percepción social de la ciencia se siguen manifestando rasgos aristotélicos. Sobre este punto, Petrucci reflexiona que, en vistas del peso de las representaciones antiguas en nuestra cultura, los resultados de la tarea de los docentes de ciencias deben ser evaluados de modo cuidadoso. La coexistencia de enfoques no se trata entonces de un fracaso, porque no parece ser un objetivo realista que el conocimiento científico enseñado reemplace a las concepciones previas de los estudiantes (como proponía el enfoque clásico de cambio conceptual), sino que desde la didáctica de las ciencias se busca que el  conocimiento se incorpore como un nuevo marco explicativo, disponible para cuando se requiera su uso por parte del individuo.

Puede decirse que el artículo objeto de esta reseña cumple el objetivo con que fue planteado, ya que propone un interesante recorrido para que el docente de ciencias naturales conozca un poco más y reflexione sobre las implicancias de las diferentes visiones de mundo y sobre las propuestas de acceso al conocimiento que se entretejen en su disciplina particular.

“Un recorrido histórico por algunas concepciones del mundo”. Petrucci, D. Revista de Enseñanza de Física. Rosario. Vol. 29, No. Extra, Nov. 2017, pp. 499–509.

Enlace al trabajo original.

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