Una dieta demasiado pesada – Ingesta de plomo en niños

Paula Bergero. Investigadora de CONICET en el INIFTA (Instituto de Investigaciones Fisicoquímicas Teóricas y Aplicadas). Docente en la UNLP.

En esta entrada reseñamos el estudio publicado en la revista de la Sociedad Argentina de Pediatría “Contribución de la dieta a la exposición al plomo de niños de 1 a 7 años en La Plata, Buenos Aires” realizado de modo interdisciplinar por integrantes del Hospital de Niños “Sor María Ludovica” de La Plata, el Instituto Biológico provincial “Dr. Tomás Perón”y los Centros de Investigación CINDECA y CIMA de la Facultad de Ciencias Exactas de la UNLP.

Pesado y tóxico

Según la Organización Mundial de la Salud, los grupos más vulnerables a los efectos tóxicos del plomo son los niños de corta edad y los pobres. En el caso de un infante con desnutrición los efectos que genera la presencia de este metal pesado en el organismo son aún peores ya que algunas deficiencias nutricionales aumentan la absorción.

Las intoxicaciones agudas por plomo tienen efectos sobre el sistema nervioso central con síntomas muy visibles como convulsiones, coma y muerte. Pero con exposiciones menores, el plomo puede generar problemas más difusos y graduales como menor desarrollo intelectual, pobre capacidad de concentración (y por consiguiente,  menor rendimiento escolar), conductas antisociales. También puede provocar anemia y mal funcionamiento renal. Por este motivo, actualmente se considera que no existe un nivel seguro de plomo en sangre.

El plomo ingresa al organismo mediante dos vías: inhalación de pequeñas partículas (lo que ocurría sobre todo antes de que se eliminaran las naftas con plomo y en caso de exposición laboral en  actividades como minería o fabricación de pinturas) e ingestión de agua, polvo o alimentos que estuvieron previamente en contacto con este metal. Con el fin de poder identificar la ingesta diaria de plomo a través de la dieta, los investigadores encuestaron entre 2015 y 2016  a los padres de casi 100 niños y niñas entre 1 y 7 años de vida que llevaban dieta normal. Relevaron la cantidad, tipo y frecuencia de alimentos que ingerían habitualmente y también indagaron sobre los lugares y condiciones de compra de estos alimentos.

Marche una milanesa 

Los autores, que son investigadores de distintas disciplinas que trabajan en instituciones de La Plata, realizaron un relevamiento del consumo de plomo en niños de la ciudad de La Plata que fueron atendidos en el Hospital de Niños local para controles de salud. Para medir la concentración de plomo presente en las diferentes preparaciones, los investigadores compraron en diferentes hipermercados y comercios barriales los ingredientes y prepararon las distintas comidas y bebidas que los padres referían ser consumidas por los niños. Entre estas preparaciones, cocinadas en el laboratorio siguiendo el modo más habitual, se incluyeron alimentos de todos los grupos: panificados, cereales, huevos, aceites y grasas, frutas, vegetales, carnes, Iácteos, bebidas, dulces, condimentos y agua.

La “digestión” de los alimentos fue luego realizada por calor y presión en un horno microondas, y finalmente se tomaron pequeñas muestras a las que se midió la concentración de plomo mediante un aparato parecido en su aspecto a una impresora: el espectrómetro de emisión atómica por plasma de microondas (Figura 1).

Figura 1
Espectrómetro de emisión atómica por plasma de microondas Agilent 4100 MP-AES Agilent, Santa Clara Ca, USA. En este equipo las muestras se calientan hasta ser atomizadas y luego se mide su emisión.

Conociendo la cantidad de porciones diarias que se consumen de un dado producto y el peso promedio de cada porción, se calcularon las ingestas de plomo en microgramos por día (mg/día) proporcionados por cada grupo de alimentos (Figura 2).

Mi merienda es un plomazo

Como conclusión de las mediciones, los investigadores pudieron determinar que los alimentos que más plomo aportaron a la dieta fueron las carnes y derivados, con aproximadamente el 27%, los panificados (15%) y la leche (12%). Por otra parte, los huevos, dulces y cereales fueron los grupos con menores aportes. Una observación que resulta muy interesante y que resalta la importancia de realizar este tipo de estudios de modo local, es que los grupos de alimentos más involucrados en la ingesta de plomo difieren en diferentes regiones geográficas/culturas. Por ejemplo, en Estados Unidos los grandes culpables fueron los encurtidos de pepino, el chocolate con leche, las frutas y papas enlatadas y los camarones. Respecto del género, en España, fueron los cereales para los varones y el pescado y los mariscos para las mujeres.

Figura 2. Aporte de plomo a la dieta estimada a partir de la encuesta de consumo. Martins E, et al. Contribución Arch Argent Pediatr 2018;116(1):14-20.

¿Y el agua?

Los investigadores encontraron dificultades para estimar el consumo de agua a partir de la encuesta, y por ello no aparece sumado en la Tabla. Para realizar una estimación, tomaron valores estándar de consumo reportados para las diferentes edades comprendidas en el estudio y restaron la ingesta informada por los padres de otras bebidas como jugos y gaseosas. Estimado de este modo, encontraron que el plomo ingerido por los niños al consumir agua de red sería de casi 50 µg/día.

Los investigadores estimaron así que la ingesta de plomo de los niños platenses a través de alimentos y agua sería de 186,2 µg/día. Esta cifra está por encima de los valores reportados por estudios realizados en otros países para la población en general. La ingesta de los niños platenses se ubica muy lejos de los menos de 10 µg/día reportados por Corea o el Reino Unido, es el triple de lo estimado en Catalunya y sólo resulta superado por Chile, que alcanza los 206 µg/día.

La pregunta del millón

En el artículo se discute también cuál sería la causa de las altísimas cantidades de este metal en los alimentos consumidos en la región: “La ubicuidad del plomo en el ambiente, sobre todo, en el agua y el polvo, hace que las malas condiciones de salubridad en la producción, procesamiento, conservación y presentación para la venta de los alimentos sean potenciales explicaciones de la carga de plomo observada en los alimentos.”

De postre, limones

Como solución a este exceso de plomo, los investigadores sugieren, por un lado, mejorar las condiciones de salubridad de la producción y provisión de alimentos. Pero, por otro lado, si la comida es el mecanismo que nos está aportando cantidades excesivas e indeseables de plomo, también podría ser el mecanismo que nos ayude a mitigar los efectos del pesado metal. Los investigadores sugieren que la ingestión de alimentos con propiedades antioxidantes podría reducir la toxicidad del plomo. Y dentro de estos alimentos la vitamina C sería la estrella, por su capacidad antioxidante y por un posible efecto quelante: tendría un efecto protectivo frente a la toxicidad hematopoyética y aumentaría la excreción urinaria del plomo, según se ha encontrado en animales. Seguir dietas altas en hierro y calcio también favorece que la toxicidad o el tiempo de permanencia del contaminante en el cuerpo sea menor.

Como líneas a seguir, los autores indican la mejora en la precisión de la determinación de ingestión de plomo en la población pediátrica, e incluso los niveles de otros posibles tóxicos. Y nos muestran cómo una ciencia vinculada con su entorno tiene mucho para aportar al bienestar de la ciudadanía.

Martins E, Malpeli A, Asens D, et al. Contribución de la dieta a la exposición al plomo de niños de 1 a 7 años en La Plata, Buenos Aires. Arch Argent Pediatr 2018;116(1):14-20.

Enlace al trabajo original.

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *