Un centinela en aguas patagónicas

Anabella Fassiano. Laboratorio de Enzimología, Estrés y Metabolismo, Facultad de Ciencias Exactas y Naturales, Universidad de Buenos Aires.

El incremento poblacional en la Patagonia provocó un aumento en la contaminación de ríos y lagos por efluentes cloacales. Investigadores de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales evalúan el uso de una almeja nativa como señal de alarma frente a la contaminación.

Entre montañas y estepas, cuando paseamos por la tierra del fin del mundo no podemos evitar admirar la belleza de sus paisajes. Una de las imágenes más reconocidas de la Patagonia son sus hermosos lagos. Aunque no todas las aguas son tan transparentes como lo muestran las postales. El crecimiento demográfico que se ha dado en la Patagonia en los últimos años fue muy importante. Los asentamientos urbanos, por lo general, se sitúan cerca de algún curso de agua o una laguna que actúa como receptor de los desechos de las ciudades. Estos residuos impactan y modifican en la ecología del lago. ¿Cómo conocer de forma temprana si esas aguas están contaminadas y poder actuar antes de que sea demasiado tarde? La doctora Iara Rocchetta y la licenciada María Soledad Yusseppone, dos investigadoras del CONICET y de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales (FCEN-UBA), estudian una almeja de agua dulce autóctona que podría ayudar a dar la señal de alerta de contaminación en el agua.

Centinelas biológicos

Una especie centinela es una especie que vive en un ecosistema y a través de la interacción que puede tener con lo que lo rodea (se alimenta, respira, etc.), puede dar información sobre el estado de su hábitat. Esta información viene codificada como alteraciones en su fisiología o morfología. La almeja autóctona Diplodon chilensis actuaría como centinela, pues los cambios que se produzcan en su forma o en su fisiología darán indicios de la contaminación. Estos organismos tienen una aplicación muy clara: detectar cambios en un sistema. Estas variaciones pueden ser, por ejemplo, la aparición de contaminantes en un lago. “Es una manera fácil y rápida de detectar de forma temprana cambios en el ecosistema que puedan alterar su equilibrio, evitando llegar a condiciones extremas”, explica Rocchetta y agrega: “De esta manera se puede remediar fácilmente si hubo algún daño en el ambiente, ya que, seguramente, no ha sido irreversible”.

Las ventajas de los centinelas frente a otros métodos de sondeo de contaminación es que los límites de detección son menores, es decir, permiten “ver” la contaminación aún cuando es muy baja y no se puede medir por métodos analíticos. Son como un termómetro que hacen posible conocer el estado de salud del ecosistema y ayudan a dar una advertencia temprano de alarma frente a una situación de contaminación.

El elegido

Almejas de agua dulce, Diplodon chilensis, aclimatándose en los laboratorios de la FCEN-UBA. Foto: Marisol Yusseppone.
Almejas de agua dulce, Diplodon chilensis, aclimatándose en los laboratorios de la FCEN-UBA. Foto: Marisol Yusseppone.

“Diplodon es un organismo abundante en la zona, presente en zonas de aguas muy limpias y en zonas contaminadas”, según explica Rocchetta. Esta almeja de agua dulce es una especie nativa y muy abundante en todos los ríos y lagos de Patagonia Norte. Es un bivalvo que habita sobre el lecho de ríos y lagos.

D. chilensis funciona como un colador: toma el agua del río o lago donde habita y la filtra con sus branquias, unas estructuras que le sirven para respirar y también para retener partículas que se encuentran en el agua. Luego mueve estas partículas filtradas hasta su boca y las ingiere. Esas partículas pueden ser microorganismos (su alimento natural), polvo, materia orgánica o fragmentos de suelo o rocas. En otras palabras, esta almeja, para alimentarse, filtra el agua del lago o río donde habita, acumulando y digiriendo los microoganismos o partículas que están en ella. “Estos organismos tienen una alta tasa de filtración y, en general, la capacidad de acumular diferentes compuestos en sus tejidos, presentando niveles detectables por encima de los que se encuentra en el agua”, destaca Rocchetta. Cuando los contaminantes ingresan al sistema de la almeja pueden generar daño y hasta inducir una respuesta de defensa por parte del organismo. “Dado que es un organismo filtrador capaz de acumular diversos contaminantes, es un excelente candidato para el control de efectos adversos por contaminación”, manifiesta Yusseppone.

Un guardián patagónico

Para poder interpretar cuándo un organismo centinela nos está dando una señal de contaminación se requiere de expertos que lo conozcan en profundidad y que cuenten con información sobre las características de los organismos de la misma especie que habiten en lugares no contaminados. “Antes de pensar a Diplodon como organismo centinela, tuvimos que hacer estudios preliminares”, afirma Yusseppone y añade: “Hubo que explorar la zona para ver si encontrábamos al organismo en los lugares de interés y tuvimos que investigar niveles basales de las variables que queríamos medir”. Necesitaron conocer cómo era la anatomía, el crecimiento y el metabolismo normal de las poblaciones para tener una referencia con la cual comparar los ambientes impactados y reconocer las señales de alarma. Los investigadores tuvieron que elegir que parámetros iban a medir y en que órganos.

Otro factor que puede influir en los datos obtenidos es la temperatura, por lo tanto, las investigadoras también tuvieron que estudiar las poblaciones en distintas estaciones del año para asegurarse de nos malinterpretar un cambio relacionado con la variación estacional como una señal de contaminación. “Para evaluar el estado de diferentes cuerpos de agua de la Patagonia Norte, mediante el uso de Diplodon chilensis, se debe conocer no sólo el estado general de esta especie sino también su respuesta ante diferentes tipos de contaminación y las posibles estrategias que este bivalvo desarrolla para soportar condiciones desfavorables”, enfatiza Yusseppone.

 Investigadores y buzos asistentes en el lago Lacar (Neuquén) durante una campaña de recolección de Diplodon chilensis. Foto: Marisol Yusseppone.
Investigadores y buzos asistentes en el lago Lacar (Neuquén) durante una campaña de recolección de Diplodon chilensis. Foto: Marisol Yusseppone.

Uno de los sitios de interés para este estudio fue el lago Lacar, donde se realizan las descargas cloacales urbanas de la ciudad de San Martín de los Andes. “Se puede encontrar a Diplodon en ambientes con altas concentraciones de bacterias que provienen, justamente, de desechos cloacales, soportando la contaminación orgánica”, asevera Yusseppone. Los estudios sobre la población de almejas expuesta a los desechos cloacales de la ciudad de San Martín de los Andes han demostrado variaciones en la fisiología de la almeja, así como alteraciones en el crecimiento. “Se han podido realizar todas las determinaciones bioquímicas de nuestro interés de manera fácil y utilizando diferentes tejidos y se pudieron detectar cambios en estos parámetros como respuesta a cambios ambientales producidos en la zona”, señala Rocchetta, quien ha estado trabajado con esta especie desde 2007.

Actualmente las investigadoras continúan los estudios de caracterización sobre la especie, y evalúan la capacidad de D. chilensis para tolerar la falta de oxígeno que se da en ambientes contaminados y las estrategias de supervivencia que adopta la almeja para sobrellevar la adversidad del ambiente. Los datos recabados en el transcurso de toda esta investigación permitirán el uso de D. chilensis como un vigía de las aguas patagónicas, dando aviso de eventos de contaminación.

Contacto: afassiano@qb.fcen.uba.ar

Trabajo original: “Growth, abundance, morphometric and metabolic parameters of three populations of Diplodon chilensis subject to different levels of natural and anthropogenic organic matter input in a glaciar lake of North Patagonia”. Iara Rocchetta, Betina J. Lomovasky, Maria S. Yusseppone, Sebastián E. Sabatini, Flavia Bieczynski, María C. Ríos de Molina, Carlos M. Luquet. Limnologica 44 (2014) 72–80.

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