¿Quién se beneficia cuando usamos una computadora?

Rodrigo J. Gonçalves. Estación de Fotobiología Playa Unión.

Imagen: http://www.argentina.ar
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A una computadora (y esto incluye PCs de escritorio, portátiles, smartphones, tablets, smartTVs y otros miles de dispositivos que nos rodean hoy en día) en realidad la usamos siempre a través de un programa (software). Pero tecnicismos aparte, ¿cómo aprendemos a usar un programa? Para determinadas actividades específicas (estadística, programación, base de datos, etc.) los programas se enseñan en la escuela y/o universidad como parte de una materia. De el universo de programas disponibles para realizar una determinada tarea, ¿qué programas se enseñan y por qué? ¿Quién lo decide y sobre la base de qué criterio? En la escuela secundaria los alumnos aprenden a escribir documentos de texto con el Word; algunos cálculos, planillas y gráficos usando Excel; introducción a bases de datos con Access (todos de Microsoft). Más adelante en el ambiente terciario y universitario estos programas se siguen usando y en carreras técnicas se enseña mucho MatLab (programa muy completo y poderoso para ingeniería, cálculo, análisis entre otras muchas aplicaciones). En muchas carreras de diseño se usa mucho el Photoshop, Illustrator (de Adobe), etc. En diseño y animación 3D se usa mucho 3DMax. En estadística todavía se enseña en muchos casos con programas como SPSS, y Statistica. En fin, distintos programas para distintas tareas, actividades o áreas del conocimiento.

Adelanto mi opinión: esto es un “problema invisible”, un sinsentido en el que sin darnos cuenta hemos caído como sociedad en general y el sistema educativo en particular. Para el Estado, esto es una enorme contradicción y pasa en casi todo el mundo, no solo Argentina. ¿Por qué es un sinsentido? Porque todos los programas mencionados son productos privativos: legalmente solo se pueden instalar en una cantidad limitada de computadoras y por una cantidad limitada de tiempo, pertenecen a empresas privadas que los cobran miles y miles de dólares (y probablemente lo valen porque son productos excelentes). Estos programas pueden ser modificados y/o discontinuados (por la empresa que los producen) en cualquier momento y de la manera que la empresa dueña lo decida, con lo cual el usuario queda sujeto a los vaivenes “del mercado” (en el mejor de los casos) y atrapado con un programa que es el dominante en cierta área del conocimiento y que con el tiempo define los estándares (por ejemplo hoy en día todos sabemos lo que es un “documento Word”, se volvió una palabra natural del lenguaje cuando en realidad es un producto comercial, como cuando uno dice “una Gilette” para referirse a una hojita de afeitar , etc.).

Por suerte, a diferencia de 20 años atrás, hoy en día existe para cada uno de los mencionados programas una alternativa libre, abierta y gratuita. Vamos a usar en esta nota la denominación “software libre” (SL). ¿Por qué, habiendo alternativas libres y abiertas, el sistema educativo todavía nos enseña, nos entrena y nos especializa usando programas privados?. Tomemos el caso de MatLab. MatLab es un programa excelente, casi el estándar de facto en muchas ramas de ingeniería. Básicamente por eso ha sido tradicionalmente usado para enseñar ingeniería, en casi todo el mundo. El resultado neto es que el Estado está, hace décadas, formando generaciones y generaciones de usuarios de MatLab. La mejor manera de apoyar un producto es usándolo y difundiéndolo. Dicho de otra forma: el Estado le provee, gratis, usuarios a MathWorks (empresa dueña de MatLab) que van a sostener el poderío y dominancia de su producto privado (MatLab) durante décadas. Tomemos el caso de una universidad europea: allá se paga la licencia del MatLab cada año, que cuesta literalmente miles y miles de dólares. Es decir que no solo la universidad está formando usuarios de MatLab (que cuando terminen la carrera van a ser profesionales expertos en un programa que no pueden pagar) sino que además le paga a MathWorks miles de dólares por las licencias para instalar y actualizar el MatLab. Un negocio redondo para MathWorks, un sinsentido para el Estado. Y ojo que no hablo de corrupción ni nada “raro”, es simplemente (nuestra) desidia y falta de reacción. Incluso en el caso de universidades más modestas que no pueden pagar la licencia, se enseñan programas privados, lo cual es aún más contradictorio: te entrenan para usar algo que 1) no podés pagar, 2) la universidad no puede pagar, 3) beneficia gratis (y en forma sostenida en el tiempo) a una empresa privada (normalmente extranjera) lo cual no redunda en beneficio para la comunidad.

MatLab es solo un ejemplo de lo que ocurre con miles de programas que se enseñan rutinariamente en el sistema educativo de Argentina y el mundo. Pero lo más preocupante es que esto no solo ocurre con casos puntuales de software especializado sino que empieza bien temprano en nuestra formación como usuarios de informática, cuando nuestros chicos aprenden en la escuela a escribir documentos de texto con Word, planillas con Excel, base de datos en Access, etc. El resultado es el mismo: la escuela secundaria está creando, con dinero estatal (gratis para las empresas), generaciones de miles y miles de usuarios de sus programas privativos; estos serán por supuesto más fáciles de aprender (y por lo tanto preferidos) cuando uno va a la universidad o terciaria. Todo esto se traduce en un flujo continuo de usuarios para empresas como Microsoft, asegurándoles que sigan dominando el mercado por mucho tiempo. Este flujo está financiado e incentivado por el sistema educativo que aparentemente no presta atención a este problema.

¿Cuál es la solución para salir de este sinsentido? Por supuesto la respuesta es: ¡software libre! El Estado tiene que fomentar el uso del software libre, abierto y gratuito. Enseñemos Octave/Scilab en vez de MatLab, usemos Linux en vez de Windows, LibreOffice en vez de Microsoft Office, enseñemos R en vez de SPSS, Blender en vez de 3D Max, InkScape en vez de Illustrator, GIMP en vez de Photoshop y así podría seguir. En muy, pero muy pocos casos se justifica usar un software privativo en vez de uno libre. Si la universidad puede pagar una licencia de miles de dólares, ¿por qué no donar esos miles de dólares para apoyar un programa libre y excelente como por ejemplo LibreOffice? Cada uno de esos pesos/dólares donados se va a convertir en una mejora para ese software y quedará disponible para la comunidad y generaciones venideras. Si el Estado y sistema educativo no hacen el cambio, es más difícil que los usuarios lo hagan por si mismos porque el que ya sabe usar una programa siempre tiene por supuesto reticencia a aprender desde cero otro programa. Por lo tanto lo que hay que hacer es empezar desde temprano en la educación (escuela primaria) y mantenerlo hasta el nivel universitario.

La adopción de software libre ya es un hecho en varios ambientes, desde gubernamentales hasta científicos. Mucha gente se da cuenta que, dado que hoy en día un sistema de programas manejan absolutamente todo (desde trenes de alta velocidad hasta nuestro celular), no es buena idea que una institución entera (¡o conjunto de instituciones!) quede cautiva de un programa que no controlamos. El ámbito educativo sin embargo pareciera estar relegado en este sentido. En los últimos años se han llevado a cabo algunas iniciativas: en Argentina vale la pena mencionar que por medio del programa Conectar Igualdad se han distribuido, a alumnos de escuelas secundarias, aproximadamente 4 millones de notebooks (9) que incluyen software libre además de algún software privativo. También hay casos en el sistema universitario que merecen destacarse por ejemplo la UTN Regional Buenos Aires ha declarado institucionalmente el interés estratégico del software libre.

Estas iniciativas son muy bienvenidas y creo que van en la dirección correcta, sin embargo en mi opinión se necesita una decisión estratégica por parte del Estado y sistema educativo para que estos cambios positivos puedan amplificarse. Para ello se necesita que las acciones institucionales como las mencionadas permanezcan en el tiempo (por ejemplo que no queden asociadas al logro de un gobierno en particular sino que se transformen en política de estado). Ojalá los alumnos que hoy usan los programas libres gracias al Conectar Igualdad (por ejemplo) puedan mañana amplificar esto y la tendencia al software libre sea algo sustentable en el tiempo.

Por último, quiero expresar que si bien esta nota menciona principalmente motivos económicos, esto es un tema que tiene numerosas aristas y hay más (y mejores) razones para usar software libre en educación (por ejemplo la justicia). Mi planteo está muy lejos de ser original, de hecho ya se han escrito artículos mucho más completos y contundentes y por divulgadores con más autoridad (1-8). Invito al lector a consultar la bibliografía citada para explorar otras razones incluso más importantes que la económica(1-8). Pero para terminar la nota basta pensar que si desde temprano aprendemos a manejarnos con programas de código abierto, libres y gratuitos, los beneficios quedan para nosotros y la gran comunidad de voluntarios que hacen del software libre una expresión de cultura e inteligencia colectiva.

Fuentes:

1) Why Educational Institutions Should Use and Teach Free Software. https://www.gnu.org/education/edu-why.html (visitado 04 diciembre 2014)
2) Why Schools Should Exclusively Use Free Software. https://www.gnu.org/education/edu-schools.html (visitado 04 diciembre 2014)
3) Free Software Is Even More Important Now. https://www.gnu.org/philosophy/free-software-even-more-important.html (visitado 04 diciembre 2014)
4) How Does Free Software Relate to Education?. https://www.gnu.org/education/education.html (visitado 04 diciembre 2014)
5) Video en castellano: ¿Cuál es la relación entre el software libre y la educación? https://www.gnu.org/education/education.es.html (visitado 04 diciembre 2014)
6) https://schoolforge.net/ (visitado 04 diciembre 2014)
7) Free and Open Source Software for Education. http://fossee.in/ (visitado 04 diciembre 2014)
8) Terbuc, M., “Use of Free/Open Source Software in e-education,” Power Electronics and Motion Control Conference, 2006. EPE-PEMC 2006. 12th International , vol., no., pp.1737,1742, Aug. 30 2006-Sept. 1 2006. doi: 10.1109/EPEPEMC.2006.4778656
http://ieeexplore.ieee.org/stamp/stamp.jsp?tp=&arnumber=4778656&isnumber=4778360 (visitado 04 diciembre 2014)
9) Conectar Igualdad. http://www.conectarigualdad.gob.ar/ (visitado 04 diciembre 2014)

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