Conversión de tierras y la deuda de carbono de biocombustibles

Manuel Carlevaro: Instituto de Física de Líquidos y Sistemas Biológicos (CONICET-UNLP-CIC)

El incremento en la demanda energética, el cambio climático y las emisiones de dióxido de carbono (CO2) hacen que la transición al uso de combustibles de bajo contenido de carbono sea prioritario. Los biocombustibles son una fuente potencial de energía con bajo contenido de carbono, pero el ahorro de emisiones depende de cómo son producidos. La conversión de bosques, turberas, sabanas y praderas para producir biocombustibles en Brasil, el sudoeste de Asia y Estados Unidos crea una “deuda de carbono” emitiendo de 17 a 420 veces más CO2 que las reducciones anuales que esos biocombustibles proveen al desplazar combustibles fósiles.

En un estudio publicado el 7 de febrero de 2008 por Science, los investigadores Joseph Fargione, de la organización The Nature Conservancy y David Tilman, Stephen Polasky y Peter Hawthorne, de la Universidad de Minnesota, analizaron las emisiones de carbono en la conversión de hábitat naturales para la producción de biocombustibles a partir de cultivos alimentarios.

El suelo y biomasa de plantas son los dos reservorios más grandes de carbono terrestre, conteniendo entre ambos aproximadamente 2,7 veces la cantidad de carbono que posee la atmósfera. La conversión de hábitat nativos en cultivos libera CO2 debido a la quema o descomposición microbiana de carbono orgánico contenido en la biomasa o suelo. Luego de la liberación rápida mediante el fuego utilizado en la limpieza de terrenos, o por la descomposición de hojas y raíces finas, existe un período prolongado de liberación de gases de efecto invernadero (GEI) por la descomposición o quema de raíces y ramas gruesas y madera.

Los autores del trabajo denominan “deuda de carbono” a la cantidad de CO2 liberada durante los primeros 50 años de este proceso de conversión de tierras. En el tiempo, los biocombustibles producidos a partir de tierras convertidas pueden devolver esta deuda si su producción y combustión tiene emisiones de GEI menores que las emisiones del ciclo de vida de los combustibles fósiles que reemplazan. Hasta que la deuda de carbono sea devuelta, los biocombustibles producidas en tierras convertidas tienen un impacto en GEI mayores que el de los combustibles fósiles que desplazan.

Cerrado brasileño: Segunda mayor formación vegetal brasileña, originalmente de aproximadamente 2 millones de kilómetros cuadrados. Fuente: www.unb.br.

En el estudio, los científicos calculan cuan grande es la deuda de carbono, y cuántos años son necesarios para devolver esta deuda, para seis casos diferentes de conversión de hábitat nativos: el Amazonas brasileño para biodiesel de soja, el Cerrado brasileño para biodiesel de soja y etanol de caña de azúcar, selvas y turberas de Indonesia o Malasia para biodiesel de palma y praderas del centro de Estados Unidos para etanol de maíz. Estos casos ilustran algunos de los mayores impactos de biocombustibles en conversión de hábitat. Indonesia y Malasia concentran el 86% de la producción de aceite de palma. La demanda acelerada de aceite de palma contribuye al 1,5% de la tasa anual de deforestación de selvas tropicales en estas naciones. El Cerrado brasileño está siendo convertido para la producción de caña de azúcar y soja, así como el Amazonas brasileño (soja). Los precios crecientes de maíz, trigo y soja podrían causar que una porción sustancial de las 1,5 x 107 ha de tierras actualmente protegidas en la pradera central de Estados Unidos sea convertida en tierra para cultivo.

La cantidad de años necesarios para recuperar la deuda de carbono en la producción de biodiesel de palma fue estimada en 86 años para el caso de la conversión de selvas tropicales en Indonesia/Malasia, y de 423 años para el producido por la conversión de turberas en esos mismos países. 319 años es el período correspondiente para el biodiesel de soja producido en tierras convertidas a partir de selvas tropicales brasileñas, y 93 años el de etanol de maíz en tierras convertidas a partir de las praderas centrales de Estados Unidos. Menor es el impacto del etanol de caña de azúcar de la conversión del Cerrado brasileño (17 años), biodiesel de soja del Cerrado de Brasil (37) y del etanol de maíz generados en zonas de tierras de cultivo abandonadas (48 años).

Factores adicionales pueden influir en el impacto de los biocombustibles en la emisión de GEI. Primero, la producción de biocombustibles puede desplazar cultivos o pasturas de las tierras utilizadas actualmente, causando indirectamente la emisión de GEI a través de la conversión de hábitat nativos en tierras utilizables en otra parte. Segundo, mejoramientos en la tecnología de producción de biocombustibles puede reducir los tiempos para devolver la deuda de carbono. Tercero, si la tierra convertida para la producción de biocombustibles acumula carbono (suponiendo tierras en estado estacionario), la deuda de carbono se incrementaría en el futuro por la pérdida de este almacenamiento. En cuarto lugar, una mayor producción de biocombustibles podría disminuir los costos energéticos, lo que aumentaría el consumo y la consiguiente emisión de GEI.

Los investigadores concluyen que los biocombustibles producidos en tierras convertidas, podrían, por largos períodos de tiempo, ser mucho mayores emisores de GEI que los combustibles fósiles que reemplazan. Al menos en la situación actual de las tecnologías de producción de biocombustibles, cualquier estrategia para reducir emisiones de GEI que cause la conversión de ecosistemas nativos a tierras de cultivo podría ser contraproducente.

Fuente: Sciencexpress

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